¿Se acuerdan de ese lugar mágico que toda fotografía lleva en su interior? ¿Ese al que todas las miradas deben dirigirse para poder entender lo que se cuece en aquella olla cuadrada y estática? Es una antigua idea de un tal Roland Barthes, muy efectiva y efectista. Pues bien, hemos llegado al punctum de este blog, al lugar que todos tendrán que mirar si quieren entender por qué el autor de Los 400 golpes ha hecho lo que ha hecho. Hemos llegado a uno de los lugares más importantes de la historia de la literatura y aquí está mi pequeño para contarlo. Estamos en Badenweiler, pequeño pueblo-balneario en el que vivió sus últimos días el grande entre los grandes Anton Paulovich Chéjov. Y aquí está el balcón de la habitación de hotel en el que el gran Carver describió su agonía como nadie. El lugar es altamente chejoviano y mi pequeño tuvo que buscar y rebuscar por un espeso parque de montaña hasta dar con el busto del maestro. Aquí está todo, señoras y señores: el momento más importante de esta vuelta al mundo en cuatrocientos golpes.
viernes, 6 de noviembre de 2009
El punctum
¿Se acuerdan de ese lugar mágico que toda fotografía lleva en su interior? ¿Ese al que todas las miradas deben dirigirse para poder entender lo que se cuece en aquella olla cuadrada y estática? Es una antigua idea de un tal Roland Barthes, muy efectiva y efectista. Pues bien, hemos llegado al punctum de este blog, al lugar que todos tendrán que mirar si quieren entender por qué el autor de Los 400 golpes ha hecho lo que ha hecho. Hemos llegado a uno de los lugares más importantes de la historia de la literatura y aquí está mi pequeño para contarlo. Estamos en Badenweiler, pequeño pueblo-balneario en el que vivió sus últimos días el grande entre los grandes Anton Paulovich Chéjov. Y aquí está el balcón de la habitación de hotel en el que el gran Carver describió su agonía como nadie. El lugar es altamente chejoviano y mi pequeño tuvo que buscar y rebuscar por un espeso parque de montaña hasta dar con el busto del maestro. Aquí está todo, señoras y señores: el momento más importante de esta vuelta al mundo en cuatrocientos golpes.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Pequeños maestros
Para descansar de tanta literatura rusa venían bien unos días de asueto entre esta maravillosa cacharrería alemana. Y mi pequeño encontró el mejor de los sitios posibles, la madre de todas las jugueterías, el paraíso de la diversión: el parque de Playmobil en Zirndorf. Grandes muñecotes le dieron la bienvenida y accedieron, todos con amable sonrisa, a fotografiarse con él. Si existe un doctorado en playmobil, mi pequeño lo ha conseguido con este viaje al corazón infantil de la vieja Europa. Ya sabéis: convenced a vuestros aburridos padres que en vez de ir otra vez a Mallorca os lleven a este espléndido país de las maravillas.
lunes, 2 de noviembre de 2009
Grandes maestros
En Alemania fuimos siguiendo el rastro de dos grandes maestros. Uno de ellos es el gigante ruso, un autor de novelas deliciosamente menores que ocupan ese lugar apartado de la literatura, donde están los bancos más escondidos y las espesuras más apartadas: Turguéniev, un autor que parece dar vueltas de un lado a otro de los grandes jardines de Rusia, Francia y Alemania; tanto que hasta sus historias de cazadores parecen desarrollarse en plácidos parques decimonónicos. Tal vez por ello encontramos el pequeño busto del maestro y un banco dedicado a su memoria en la Lichtentaler Allee, una de las espesuras urbanas más impresionantes del mundo. Va por usted, amigo Iván Sergueiévich.
sábado, 31 de octubre de 2009
Conexión alemana
A partir de hoy publicaremos una reseña del viaje que mi pequeño hizo por tierras germanas en busca de inspiración para su depauperado padre, que sigue sumido en la inacción literaria tras acabar su última obra (por cierto: ¿es usted editor? ¿le interesa un valor seguro? ¿qué prefiere, novela, relatos, micros, poesía visual? aquí hay de todo, oiga). La primera entrega tiene que ver con un lugar bastante querido en nuestra familia: la ciudad de Wurzsbürg, escenario del relato Sanderau, que forma parte del libro que Quorum Libros me editó hace algunos años, titulado La hora del loco
miércoles, 21 de octubre de 2009
Fotografía de la buena
Este señor que aparece con modales de sacerdote es el gran fotógrafo José Luis Roca, que dejó las tierras del sur para triunfar en el Foro. Que sepan todos que juró ante los santos apóstoles de la literatura enviarme fotos de famosos, famosillos y rubias de bote, que tanto gustan a mi pequeño (las rubias, me refiero). También, cuando no haya otra cosa, de algún que otro político.
Lo has prometido, Roca.
domingo, 18 de octubre de 2009
Félix Romeo en Tres Rosas Amarillas
Fue en la librería Tres Rosas Amarillas, un hermoso albergue para celebrar aquelarres dedicados a los hermanos pequeños (que no menores) de la literatura. De maestro de ceremonias para el primer baile de mi jovencito Necesito llamar al Olimpo ejerció, ni más ni menos, el gran escritor Félix Romeo, el hombre que lo lee todo en España. De esta guisa posó para el blog de mi pequeño. Al amigo Félix le dedicamos el siguiente texto sobre el humor y la melancolía:
Federico Fuertes ha elegido dos temas como base para su literatura: el humor y la melancolía. Son dos platos contundentes, siempre que se sirvan en almuerzos diferentes. Porque intentar hacer literatura con esta mezcla resulta un empeño destinado a la fatalidad. Algo así como café con mayonesa. El humor es propio de jóvenes, de viejos libertinos, de funcionarios, de presentadoras del tiempo en La Sexta, de niños comiendo helados... Nunca es propio de melancólicos. La melancolía, por su parte, aparece de manera destacada en soñadores, jóvenes que nacieron viejos, señores con levita, damas suspirantes o suspiradoras (según y dónde se mire), enfermos con afecciones bronquiales. Nunca, nunca es propia de humoristas. ¿Y de qué literatura es propia la mezcla de humor y melancolía? De cuál va a ser: de la practicada por Federico Fuertes, un escritor dispuesto a hacer todo lo posible por finalizar último en su propia carrera literaria.
On the road (una vez más)
Pero claro, de todo se aburre el hombre. Y el libro, qué les voy a decir. Cuando le dije que iríamos a Madrid para presentar en sociedad a su hermano pequeño Necesito llamar al Olimpo, hizo el equipaje en un periquete y se vino con una disparatada pandilla a la capital del reino.
¿Adivinan qué hizo primero? Por supuesto: BAREAR.
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